MÚSICA Y GÉNERO


Mi trabajo en este campo incluye la investigación sobre compositoras de la historia y su música, la escritura de textos y artículos divulgativos, así como la creación de cuentos, novelas musicales y materiales globalizados.

Todos ellos pretenden mostrar modelos artísticos desde una perspectiva de igualdad.

La palabra «música» proviene del griego «mousiké», y significa «el arte de las musas». En la Grecia Antigua, las musas eran divinidades femeninas inspiradoras de la música y la poesía. Cada una de ellas, representaba una rama artística y del conocimiento. Eran nueve: Calíope (musa de la elocuencia, la belleza y la poesía épica), Clío (musa de la Historia), Erato (musa de la poesía lírica-amorosa), Euterpe (musa de la música, especialmente diestra en la interpretación a la flauta), Melpómene (musa de la tragedia), Polimnia (musa de los cantos sagrados y la poesía sacra), Talía (musa de la comedia y de la poesía bucólica), Terpsícore (musa de la danza y la poesía coral) y Urania (musa de la astronomía, la poesía didáctica y las ciencias exactas). Hijas de Zeus y compañeras de Apolo, dios de la música y de las bellas artes, fueron de vital importancia en el desarrollo artístico de la Grecia Antigua y su relación con el pensamiento y la historia moderna.

Sin embargo, paradójicamente y también desde tiempos remotos, las mujeres en la composición han quedado relegadas a lo doméstico, lo íntimo, lo pequeño, lo acompañante, casi, casi, a lo invisible. Inspiradoras pero nunca inspiradas, una especie de maldición nos ha acompañado: la maldición de las musas. Las mujeres han sido silenciadas pues aunque muchas de ellas brillaron y destacaron en vida luego fueron olvidadas. Tan presentes en la vida cotidiana y tan ausentes de la historia que nos han contado y ha llegado hasta todos nosotros.

Es Orfeo quien porta la lira que hace tocar ante Hades para resucitar a su mujer, Eurídice, quien finalmente queda atrapada por siempre en el reino de los muertos, condenada al olvido y el sufrimiento. Es la pobre ninfa Siringa la que es convertida en flauta como consecuencia del acoso que sufre por parte del dios Pan: prefiere convertirse en cáñamo que seguir soportando esa situación. Algo parecido le ocurre a la desgraciada Dafne, que sufre una increíble metamorfosis y se transforma en laurel. Tristes destinos para tres mujeres que después, tal vez para compensar, vieron sus desgracias convertidas en símbolos de gran fuerza. Todas ellas, retratadas en bellas estatuas de mármol.

Cuánta tristeza desprenden las esculturas de Pan persiguiendo a Siringa de Guilles-Lambert Godechale, Apolo y Dafne de Bernini y Orfeo y Eurídice de Rodin, por ejemplo. Todas ellas, inmortalizadas en plena fuga.

Y es que, si hacemos caso a la mayoría de los grandes manuales histórico-musicales, libros de texto y programas de concierto, la mujer en la música parece no haber existido. Su ausencia responde más al modo en el que se ha contado la historia que a su falta de actividad musical. Aún en la actualidad, la presencia de compositoras en la vida musical conocida como de tradición culta es un hecho de carácter puntual, anecdótico, casi inexistente. Cuando asistimos a un concierto, aceptamos con normalidad que las obras escuchadas tengan una autoría de varones. Algo parecido ocurre si abrimos un libro de carácter didáctico sobre música de cualquier etapa educativa o si echamos un vistazo a las programaciones de aula de los conservatorios españoles. La ausencia femenina es casi total.

Dado este contexto, se hacen necesarios trabajos de investigación y divulgativos que pongan en relieve la figura de la mujer en la cultura desde diferentes ámbitos: la ciencia, la pintura, la literatura, la música, etc.

Mostrar modelos dentro de los cuentos infantiles es también un medio muy eficaz ya que la literatura infantil y juvenil es una potentísima herramienta de educación, capaz de perpetuar modelos o de cambiarlos. Su poder es incuestionable. El desafío contemporáneo supone comprometerse con la propia historia y con la actualidad y contarla de forma realista, equitativa y justa.

Contar la historia, celebrando la no discriminación, la multiplicidad, la interdisciplinariedad, la compensación, la curiosidad y, como no, la creatividad. Celebremos la liberación de las musas, desenterremos sus raíces de la tierra y limpiemos la podredumbre de sus rostros.

Que las ninfas vuelvan a correr por los bosques. Libres y bellas. Y que todas ellas, Siringas, Eurídices y Dafnes, sufran una nueva y definitiva transformación.

Esta vez, dos alas surgen de sus omóplatos. Son grandes y poderosas, de plumaje blanco.
Todas ellas son diosas de la victoria.
Todas ellas, vuelan en libertad.


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