MELODÍAS EN LA OSCURIDAD



Comparto con todos mi cuento número 5 ideado a partir de las bellas palabras que algunos lectores me regalaron desde mi página de Facebook.

En esta ocasión me he encontrado con palabras realmente MÁGICAS, todas ellas merecerían un cuento con tratamiento casi exclusivo, pero... ¡los retos son los retos!

Las palabras eran: SERENDIPIA, ALGODÓN, ECUACIÓN, LINTERNA, FELICIDAD, DESAPEGO, AGRADECIMIENTO, EMPATÍA, IMPRESCINDIBLE y DIVERTIDO.

El resultado es el cuento MELODÍAS EN LA OSCURIDAD.

¿Os imagináis que un día desaparecen todas las sombras del mundo?

Acompañado de Bercuese de la gran Amy Beach donde un violonchelo y un piano juegan al escondite (como Iñaqui y su sombra) en una melodía preciosa. 

¡Que lo disfrutéis!




MELODÍAS EN LA OSCURIDAD

La pared blanca devolvía la propia sombra de Iñaqui. Le gustaba jugar con ella. Todas las noches hacía figuras con sus manos, en forma de animales, de alas, de objetos e inventaba historias a partir de su sombra. Era algo realmente DIVERTIDO.

A Iñaqui le encantaba silbar. Silbaba melodías bellas y delicadas. Sobre todo le gustaba una en concreto y todas las noches, después de jugar con su sombra, silbaba la misma canción. Después, ambos, se quedaban profundamente dormidos.

Sin embargo, una noche ocurrió algo insólito. La pared blanca no le devolvió sombra alguna.
Las sombras de todos los humanos habían desaparecido.

En todos lugares del mundo, se reunieron científicos, profetas, matemáticos y sociólogos, médicos, meditadores y físicos. Pero ninguno dio con la solución ni la ECUACIÓN perfecta.

Definitivamente, las sombras nos habían abandonado.

Mientras tanto, en un recóndito bosque, todas las sombras del mundo se habían reunido. Por la noche y sin luz que las proyectara, solo eran oscuridad.

-          ¡Se han olvidado de nosotras! – decía una.
-          ¡Nadie mira dentro de su interior! –señalaba una de más allá.
-          ¡Todos son reflejos de ellos mismos!
-          ¡Todos quieren deslumbrar!
-          ¡Todo hacia el exterior!
-          ¡No disfrutan de la soledad!
-          Siempre acompañados de cosas y más cosas…
-          ¡Estamos hartas!

Y así, todo eran quejas y más quejas.

Incluso la pobre sombra de Iñaqui se encontraba entre ellas. Y aunque ella pensaba que “su otro yo” sí disfrutaba de ella y la quería, no podía contradecir a las demás. La sombra de Iñaqui le echaba de menos y también a la pared blanca, los juegos, las historias y la melodía.

Así, el mundo se sumergió en un profundo silencio y quietud. La gente empezó a tener miedo. Ya no salía de casa. Nadie comprendía cómo las sombras podían faltar, era un hecho terrible e inaudito, casi terrorífico.

Por otro lado, las sombras comenzaron a confundirse con la oscuridad. Solo bajo la luz de la luna llena renacían, pero cada vez lo hacían con menos asiduidad, pues ellas no eran nada sin sus “sus otros yos”.

Una noche, Iñaqui, cansado de su soledad, cogió una LINTERNA y salió en busca de su sombra… No sabía dónde ir ni dónde dirigirse. Comenzó a andar sin brújula ni destino. Anduvo y anduvo… Entonces, sus pasos le llevaron justo en frente de un vendedor de ALGODÓN DE AZÚCAR.

-          ¿Dónde vas, muchacho? – preguntó.
-          Voy a buscar a mi sombra.
El hombrecito le observó desde detrás de su máquina.
-          ¿Quieres un poco?
-          ¡Claro! – contestó Iñaqui.
Entonces, puso en marcha la maquinaria, cogió un palito de madera y se dispuso a trabajar.
-          ¿De qué sabor lo quieres? ¿De nubes, flores de almendro, nieve de marzo o pompas de jabón?
-          ¿A qué sabe el de nubes?
-          A EMPATÍA.
-          ¿Empatía?
-          Sí, significa ponerte en el lugar de los demás, ser sensible a sus sentimientos y emociones aunque no te pertenezcan.
-          ¿Y el de flores de almendro?
-          Ese sabe a DESAPEGO.
-          ¿Desapego? ¡Qué sabor más extraño!
-          No, no es extraño. Es lo contrario al apego, es decir, la dependencia a otras personas o cosas.
-          No sé si entiendo.
-          Ya entenderás…
-          Y, ¿el de pompas de jabón…?
-          Si, ese es el sabor a SERENDIPIA.
-          ¿Serendipia?
-          Sí, se trata de un hallazgo afortunado que se produce de forma casual.
-          ¡Como tú! – dijo el niño.
-          Eso es, como yo.
-          Pues quiero uno de SERENDIPIA.
-          Excelente decisión. Y, ¿cómo piensas encontrar a tu sombra si ni los más sabios han sabido hacerlo? –preguntó el hacedor de algodón de azúcar sin parar de trabajar.
-          Pues aún no lo sé. Solo tengo el anhelo.
-          Escucha tu interior, él te dará la solución- dijo el vendedor ofreciéndole la golosina.
-          Gracias.

El niño continuó su camino y sintió un profundo AGRADECIMIENTO hacia el vendedor. Entonces, mientras saboreaba el caramelo, recordó la melodía que todos los días silbaba antes de irse dormir, junto a su sombra y empezó a susurrarla.
Sin saber cómo, Iñaqui se fue introduciendo en un recóndito bosque siempre con ayuda de su linterna.

Desde el otro lado del bosque, la sombra de Iñaqui escuchó esa melodía tan conocida para ella. Despertó de su letargo y bajo la luz tenue de la luna llena, comenzó a andar por el recóndito bosque, entre marañas de ramas y troncos misteriosos.

Al cabo de un rato, ambos se encontraron. Iñaqui iluminó su propia sombra con la linterna, entonces, la melodía sonó de forma poderosa y ambos, por fin, se abrazaron y fueron de nuevo uno.

Volvieron a casa despacio conversando sobre todo lo ocurrido.

Pronto, Iñaqui se hizo famoso. ¡Había recuperado su sombra! Era el único ser humano que lo había logrado. Le preguntaron cómo había conseguido algo semejante, tan difícil e imposible. Iñaqui solo les habló de sus juegos, sus historias, sus figuras y su melodía. Nadie comprendía. Nadie le tomó en serio.

Bueno, casi nadie. Pues algunos niños sí le escucharon.

Entonces, cogieron sus LINTERNAS  e hicieron como él: salieron a recuperar sus propias sombras.

Y todos, sin excepción, contaban lo mismo: que un vendedor de algodón de azúcar aparecía en su camino, les ofrecía golosinas de sabores increíbles y les ayudaba a entrar en un recóndito bosque donde finalmente, encontraban su sombra.

Todos compartían una misma enseñanza: lo único verdaderamente IMPRESCINDIBLE era quererse a uno mismo. 

La soledad de tu propia sombra te proporciona el amor necesario para tener empatía, desapego, FELICIDAD y libertad.

En el recóndito bosque, muchas sombras ya son oscuridad pero otras han vuelto a sus hogares.

Allí, huele a nubes, a flores de almendro, a nieves de marzo y pompas de jabón.

La luna y la luz de un puñado de linternas brillan en el recóndito bosque.

Melodías en la oscuridad".

Patricia García Sánchez

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