Cuento a medida: HOMBRE PÁJARO



Después de muchos meses, retomo mi trabajo en los cuentos personalizados compartiendo un cuento muy especial: Hombre Pájaro.
Recibí el encargo de Mar, quien ya me había pedido un cuento para su padre, una historia realmente importante para mí por lo que significó su escritura y mis posteriores trabajos a partir de él: El príncipe de Adra.
En esta ocasión, el cuento es un homenaje y una despedida para Mariano, un gran amigo de Mar. De hecho fue leído el día en que sus cenizas fueron expandidas por el aire desde un pequeño avión. 
Un cuento y una historia realmente emotivas.
Me enorgullece presentaros HOMBRE-PÁJARO.
Alas deltas, nieve y mucho amor.
Un cántico a la vida y a libertad.

Ilustrado por Óscar Luque Ruiz.




HOMBRE PÁJARO

 La leyenda dice así.
“Hubo en la antigüedad un hermoso pueblo de montaña,
Asentado entre sierras y parajes de singular belleza.
Aquella aldea se arropaba con las hojas caídas durante el otoño,
con nieve y témpanos de hielo en invierno,
con flores y aromas en primavera,
y con los rayos del sol en verano.

Un día de invierno, llegó hasta allí, un trotamundos.
Su nombre era Mariano.
Se instaló en una cabaña,
en lo alto de la ladera.
Allí talló un par de esquís.
Con ellos se deslizaba por la nieve con maestría.
Por las noches, se sentaba junto a la chimenea,
sorbiendo jugo de vida y pasión,
y escuchaba melodías en su viejo gramófono.
Los habitantes del aquel hermoso pueblo
se acostumbraron a ver, desde la lejanía,
la chimenea de Mariano echando humo,
y también, las líneas paralelas de sus esquís,
formando una bella partitura invernal.


Y así, llegó la primavera.
Una mañana, Mariano paseaba por la sierra.
El agua brotaba por doquier,
en un deshielo bello y eterno.
Una mujer se bañaba desnuda en una cascada.
Su nombre era Laura.
Mariano se enamoró.
El jardín de su cabaña se llenó de flores.
El joven confeccionó una diadema con ellas.
Laura se la puso con emoción.
Pronto nacieron tres niñas: Elena, Raquel y Marta.
La joven cocinaba ricos guisos
en grandes cacerolas de plata,
Mezclando ingredientes secretos:
besos y murmullos,
susurros y sueños.
Los habitantes del aquel hermoso pueblo se acostumbraron a ver, 
desde la lejanía,
bicicletas, columpios y cuentos,
a oler a platos suculentos,
a escuchar cantos y juegos.


 


Y así llegó el verano.
Un día, Mariano enceraba sus esquís,
cuando llegó hasta la cabaña un forastero.
Venía montado en bicicleta,
transportando una enorme una enorme y esbelta ala delta
Y una mochila de sueños.
El gran Stwart le enseñó a volar.
Juntos, subieron al pico más alto de la cordillera.
Juntos, montaron en sus alas y atraparon la inmensidad.
Como Dédalo e Ícaro.

Los habitantes de aquel hermoso pueblo, se acostumbraron a confundir, 
desde la lejanía, a hombres y pájaros.
Algunos de ellos, se atrevieron a acercarse para ver qué pasaba.
Mariano les enseñó a volar.
A todos ellos les subió al pico más alto de la montaña.
Y todos ellos atraparon la inmensidad.
Sus corazones palpitaban a la vez,
al unísono.
En una sinfonía de valentía y superación.
De confianza y alegría.


Fue entonces cuando ocurrió.
Algo muy extraño sucedió.
Mariano no dijo nada a nadie.
Ni a la bruja de las cacerolas, ni a sus hijas,
tampoco al gran Stwart, ni a los habitantes del aquel hermoso pueblo.
Su piel estaba cambiando.
El joven sonrió.
Pequeñas plumas asomaban tímidas y diminutas.
Mariano las escondió bajo sus ropajes.
Pero poco a poco, algunas crecieron, 
hiriendo su pecho y espalda.

Así, Mariano dejó de volar por un tiempo.
Sin embargo, mandó traer de un país muy lejano,
una vieja máquina de coser.
y se dispuso a coser alas, mochilas y arneses,
Con hilos mágicos hechos de savia y raíces.
Cuando se acostumbró a su nueva situación,
Mariano comenzó a volar de nuevo,
siempre acompañado de sus pájaros.




Y así, llegó el otoño.
Mariano siguió cosiendo y cantando,
escuchando y volando.
Mia, su nieta, peinaba sus plumas con cariño.
Solo ella sabía su secreto.
Mariano estaba cansado.


Una mañana, decidió despegar por última vez.
Así, subió al pico más alto de la montaña.
Se desnudó.
Y se colocó en el hermoso despegue que tan bien conocía,
una gran mole de granito.
Mariano miró con decisión a la inmensidad.
Sonrió.

Los habitantes de aquel hermoso pueblo le vieron desde su posición,
un pájaro majestuoso, elegante, impetuoso,
a punto de despegar.
también vieron sus esquís,
su chimenea y su viejo gramófono.

Desde la lejanía, escucharon sus enseñanzas y melodías,
Fundiéndose con el viento,
Y su corazón latiendo en un ritmo persistente y profundo,
que todo lo llenaba,
y que la montaña recogía en un eco infinito.

Entonces, los habitantes de aquel hermoso pueblo,
sacaron sus alas deltas,
y con determinación,
símbolo de su agradecimiento,
surcaron los cielos
como grandes pájaros,
decorando el firmamento.

El sol se estaba ocultando.
La tierra palpitaba.
Mariano despegó,
cientos de alas acompañaron su vuelo.
Y así, libre y veloz,
se fue sonriendo
rodeado de sus pájaros.

 
Desde la lejanía se escucha la máquina de coser…
Raquel se esmera en su trabajo.
Un corazón late con fuerza en su interior,
y todos cantan…
En memoria del hombre-pájaro”.

Y así, cuenta la leyenda.
                                                                                  
                                                                              Patricia García Sánchez
                                                                                  Oscar Luque Ruiz






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